Tolkien y Moorcock, dos visiones de la literatura de fantasía.

Todos habéis oído hablar de Tolkien y de, su obra más conocida, El Señor de los anillos ya que ha influido profundamente en toda la literatura de fantasía posterior. En este presente artículo, más que hablaros de cosas que seguramente ya sabréis acerca de este autor- como  que tiene influencias cristianas o que se inspiró en las sagas germanas  para escribir sus libros- me gustaría hacer una pequeña comparación y reflexión con otro buen autor, menos conocido pero muy influyente, Moorcock.

Tolkien

En la obra de Tolkien vemos una clara concepción de la luz y de la oscuridad, del bien y del mal, y debido a esto hoy en día es común escuchar que su literatura o su mundo es muy infantil o “simplista” debido a que la realidad es mucho más compleja que la del simple blanco o negro.   Para Tolkien, los matices de grises no son más que formas que tiene el mal de ocultarse para hacernos dudar y ser presas fáciles de sus garras. Esta concepción, muy cristiana, es lógica si tenemos presente que tanto Tolkien, como otros autores de su época, forman una escuela de escritores de fantasía “tradicional” en la que lo bueno y lo malo está bastante claro. Ello no le quita mérito a sus libros, al contrario, pues quien quiere profundizar en ellos ve que cada página está plagada de sutiles matices que el autor supo tejer magistralmente a lo largo de toda su obra.

El final de la Segunda Guerra Mundial traerá, grosso modo, autores que cuestionen o hablen abiertamente de esos grises y de la complejidad del mundo en el que vivimos. Nosotros, hoy en día, seguimos esa tradición que exalta los matices y que disfruta analizando lo relativo de las cosas. Sin entrar en detalle en esos conceptos, lo que quiero hacer notar es que surge una nueva corriente de autores que no ven tan claro lo que es correcto o incorrecto y ello los lleva a escribir otro tipo de fantasía o de ciencia ficción. Entre esos autores podemos encontrar a Moorcock.

Moorcock

Moorcock forma parte de esos autores de la segunda mitad del siglo XX que escriben una fantasía diferente, ya no está claro lo que es bueno y lo que es malo, y, en ocasiones, cuando luchamos contra lo que creemos que es maligno desencadenamos situaciones que no podemos controlar. En sus obras, Moorcock nos muestra que, sus personajes, intentando hacer lo correcto deben hacer grandes sacrificios, llegando a tensar los límites de la famosa frase “el fin justifica los medios”, pues resulta sumamente común ver como acaba, en su historia, con la vida de unos pocos por el bien común de muchos.

Portada de “Corum, la Trilogía de las Espadas”, en la que se ve al protagonista de la saga con el símbolo del Caos (la estrella de ocho puntas que, por cierto, es la misma que en Warhammer).

Esta apuesta transgresora dará a luz una serie de obras como Eric de Melniboné o Corum, en las que los héroes más que enfrentarse en una guerra eterna entre la luz y la oscuridad (tema de la literatura de fantasía clásica), entran en el conflicto entre el bando de la Ley- representando el orden, la civilización, el progreso, la estabilidad, la jerarquía, etc.- y el caos- que representa el cambio, la locura o la barbarie y la destrucción- en una guerra interminable que, además, tiene lugar en diferentes planos y universos. Entre ambos entra en juego la “Balanza cósmica”, que vendría a ser una fuerza superior o juez supremo que mantiene el equilibrio entre ambas fuerzas para que nunca termine esa guerra interminable ¿Por qué? Las razones de todo esto, un simple mortal, jamás lo podría entender.

Esta serie de elementos forman parte muy clara, a mi parecer, de nuestra literatura o de nuestra fantasía actual, tal es así que, por ejemplo, en el mítico juego “Dungeons and Dragons“- que no olvidemos que tiene sus orígenes en los 70- vemos que se sintetiza, de una forma muy curiosa, tanto la guerra entre “el bien y el mal” como la lucha entre el “orden y el caos”, con su famosísima “Tabla de Alineamientos”.

En esta tabla, que seguramente todos conoceréis, vemos, por un lado, unos elementos que representan los valores absolutos de la vieja fantasía – luchas entre el bien y el mal – y, por otro, los valores fundamentales de esta “nueva” fantasía- que ya de nueva poco porque tiene unos 40 años- que son el orden y el caos. Siguiendo el ejemplo de la tabla de alineamientos de D&D, hoy en día es muy normal ver como en diferentes páginas o foros se crean ejemplos de la misma con personajes de videojuegos, sagas de todo tipo o de películas de ciencia ficción, aun con los límites que esta nos ofrece pues, en mi opinión, es una tentativa bastante simplista y subjetiva querer determinar todas las posibles personalidades de un  pj a solo nueve arquetipos. Dicho esto, la tabla es útil para aclarar ideas o para estructurar una historia – o sencillamente para discutir con el vecino sobre si Batman es neutral bueno o caótico bueno xD- ya que cada cual busque sus razones para que y donde usarla.

Tabla de Alineamientos de Marvel y DC realizada por mi valeroso compañero Daedallus.

¿Es la Tabla de Alineamientos la gran aportación de estas dos líneas de fantasía? Ni mucho menos, de hecho esta no es más que una reflexión muy personal que hice al haber estado leyendo a estos dos autores que, en mi opinión, sintetizan bastante bien sus respectivas corrientes y épocas. A través de los juegos, los libros o el cine, vemos continuamente, y sin darnos cuenta, elementos que curiosamente guardan mucha relación entre sí y que, si intentamos ponerlos en un pequeño contexto, empiezan a cobrar un sentido que, vistos aleatoriamente, no lo tendrían.

 

Sobre nosotros Krom

Un buen día Daedallus me lió para entrar en este blog y me decidí a escribir sobre una de mis grandes pasiones: el rol ¿Algo más aparte de eso? Me encanta leer pero también disfruto fabricando mis propias artesanías de cuero.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *